La Ultima Y Gran Apostasia

 

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Un profeta de Dios, aunque nunca se presenta como tal.

 

Nació en Estados Unidos en 1931. Hijo de creyentes pentecostales se crió bajo la influencia de su padre Kenneth Ann Wilkerson y de su abuelo Jay Wilkerson, ambos predicadores.

Estudió en el Central Bible Institute (1951-52) de las Asambleas de Dios. Comenzó su ministerio pastoreando una pequeña iglesia en Pensilvania. Cuando ya era un pastor formado, con amplia experiencia, pero siempre al frente de iglesias pequeñas, sintió la irrenunciable vocación por llevar el mensaje a los adolescentes y jóvenes de la calle. Los adictos, pandilleros, delincuentes y anarquistas fueron el objetivo primordial de su misión.
En 1959 fundó Teen Challenge (Desafío Juvenil), para ayuda al toxicómano, una organización que hoy se extiende por todo el mundo.
Su predica se caracterizó por el contacto personal con la gente. Así y todos sus mensajes han sido leídos y escuchados por cuanto medio de difusión exista a lo largo de todo el mundo.
El libro “La cruz y el puñal” marcó el comienzo de una popularidad que trascendió las paredes de la Iglesia Evangélica. Su converso más notable es Nicky Cruz que, a su vez, es un predicador internacional entre los marginados.

En 1987, juntamente con su hermano Don y Robert Philips, fundó la iglesia Time Square Church de Nueva York, haciendo uso de un viejo teatro, que se ha convertido en una de las congregaciones más numerosas de Nueva York.

Predicador popular y callejero, nunca ha evitado enfrentarse al peligro de las bandas de los barrios bajos del Bronx, Brooklyn y Manhattan, con tal de llevarles el Evangelio del amor de Dios. También se ha dirigido a los cristianos con preocupación por mucho de lo que está ocurriendo en medio de las iglesias, como el mensaje de prosperidad, “la mayor aberración del Evangelio en toda su historia.” Y de los que “no hablan de la cruz ni de la santidad; del pecado ni del juicio.”
Algunos de sus libros más conocidos son La cruz y el puñal; Después de la cruz y el puñal; Sexo y drogas; Dejad de apretarme el cuello; Camino de Jesús; Rojo, verde y violeta; La profecía; David Wilkerson exhorta a la iglesia; Mi lucha interior; Profetas con vendas mágicas; Toque de trompeta en Sión; La visión.

 

Dios les continue bendiciendo.

mifeenjesus@yahoo.com

 

El Yoismo, el positivismo y la cruz

 


 

 

 
 
 
 
 
 
Mateo 6:33
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Desde unos años a esta parte, y debido en gran manera a la influencia occidental en el mundo eclesial, diversos vocablos y conceptos han aparecido, provenientes de la Nueva Era, de la psicología moderna y de otras fuentes alternas y subalternas.
Palabras como “líder de éxito”, “prosperidad integral ”, “pensamiento positivo y negativo”, “paradigma”, “visualización”, “regresión”, “confesión positiva”, “actitud mental positiva”, por mencionar unas pocas aquí a voz de pronto, son ahora mismo muy comunes en los púlpitos cristianos mediáticos o no, en los libros, en las conferencias, congresos, etc. pero desconocidas en la Biblia.
Se nos ha abierto ante nuestros ojos una nueva manera de entender el Evangelio...nueva, pero abiertamente falsa (Gl. 1: 8, 9).
1. El Yoísmo y la Cruz: Una de esas afirmaciones que corren por casi todos los medios de comunicación y expresión cristianos, es cuando se asegura que los problemas del hombre parten de una deficiente imagen de sí mismo. Decenas de libros de psicólogos cristianos, e innumerables mensajes desde toda clase de púlpitos confesionales, radio, televisión, conferencias, congresos, etc. promueven y alientan la tremendamente popular, pero así mismo antibíblica, teoría de que la principal necesidad del hombre, y aun del creyente en general, es combatir la terrible pandemia del “síndrome de la deficiente imagen propia”, también llamada “falta de autoestima”.
La Biblia enseña otra cosa. Enseña que el problema de base del hombre, se llama pecado, y el remedio es exclusivamente la cruz.
En realidad, a lo que apuntan esas terapias pseudo psicológicas, es a la exaltación del “Yo”, lo que llamaremos “Yoísmo”. El “Yoísmo”, en realidad, pretende acallar la conciencia del individuo, invitando a éste a centrarse en sí mismo, y sumergiéndole en el pozo sin fondo del ego-centrismo. Uno puede llegar a ser el centro de todo lo que rodea, y todo está a su servicio. No es más que una doctrina humanista, ajena a la Santa Palabra, pero está inundando el seno eclesial, y por supuesto el mundo entero.
Dice así Dave Hunt en su apreciado libro “Más allá de la Seducción”:
“Uno de los principales propósitos de la Biblia es corregir la elevada opinión que el hombre tiene de sí mismo, pero está siendo en la actualidad interpretada por líderes cristianos como buscando precisamente lo contrario. ¿Cómo puede ser que unas criaturas cuyo pecado capital es que piensan demasiado bien acerca de sí mismas se hayan convencido de que su problema en realidad es una deficiente autoestima? (1)
Cuando uno está demasiado pendiente de sí mismo, sea porque se ve superior, o lo contrario, porque se compara con los demás y se ve inferior, está practicando el “Yoísmo”, es decir, la expresión del egocentrismo. Muchos de los medios de divulgación cristianos, a través de sus enseñanzas, están esparciendo ese estímulo yoísta, a saber: autoaceptación, autoestima, imagen propia, egotismo, amor propio, autoconfianza (2) sin prestar atención a lo que realmente es la clave o base del problema: no la falta de autoaceptación o de estima propia o similares, sino el orgullo, el cual la Biblia le llama: pecado. Fíjense como lo expresaba hace muchos años el pastor Andrew Murray (1828-1927), hombre de Dios, autor de muchos escritos de bendición:
“El yo es nuestra mayor maldición. Pero, damos gracias a Dios, que Cristo ha venido para redimirnos del yo. Y ahí tenemos la razón por la cual muchos oran por el poder del Espíritu Santo, y consiguen algo, pero ¡muy poco!, porque oran pidiendo poder para la obra, y poder para bendición, pero no oran pidiendo ser librados plenamente del yo” (3)
En este sentido, cuán actual es la declaración del apóstol Pablo, cuando dirigiéndose a los Gálatas exclamó:
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2: 20)
Insistimos en este punto: el problema del hombre, no es como se siente o como se ve a sí mismo. No tiene nada que ver con su estima personal, sino más bien si realmente estima o ama a Dios. Por lo tanto, el problema hay que identificarlo adecuadamente: se llama pecado, y hay solución. Esa solución la Biblia le llama arrepentimiento.
Básicamente el arrepentimiento, palabra que en el griego es metanoia, y significa cambiar de manera de pensar, implica el empezar a vivir de una manera diametralmente distinta a como se solía hacer. Por lo tanto, en vez de uno centrarse en sí mismo, como enseñan todos esos falsos maestros, uno tiene que centrarse en el Señor y en Su Palabra; en lo que enseña, pidiendo al Señor el poder, no sólo experimentar Su Palabra, sino de veras vivirla, consagrados a ella:
“Santifícalos en tu Palabra, tu Palabra es verdad” (Juan 17: 17)
Si realmente reconocemos de que no hay nada bueno en nosotros mismos, y así lo confesamos al Señor, así como todas nuestras acciones u omisiones transgresoras – llámesele pecado - Dios es fiel y es verdadero para perdonarnos y librarnos de la maldad; y lo hará cada vez que honradamente y con un corazón contrito y humillado nos acerquemos a Él con ese propósito: el de apartarnos para siempre de lo malo, conforme a Su Palabra.
“Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y librarnos de toda maldad” (1 Juan 1: 9)
Esto nada tiene que ver con cuestiones yoístas y de falta de autoestima, sino de reconocer nuestra condición caída, y de que necesitamos, al amparo de la misericordia de nuestro Dios, el ser perdonados, y así será cada vez que nos humillamos ante Él de veras, confesamos nuestros pecados, y nos apartamos del mal. La gracia de Dios es más que suficiente para vivir una vida plena y rebosante, entre otras cosas, del suficiente estímulo, pero todo ha de pasar primeramente por la cruz.
Sin cruz, no hay vida.
“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará” (Marcos 8: 35)
La cruz es lo que marca la diferencia entre la muerte o la vida. Como vimos antes, Pablo se confesaba muerto a sí mismo, para de esa manera estar vivo en Cristo. No obstante, una enorme cantidad de emisión presuntamente evangélica hoy en día, enseña algo muy diferente a eso.
Hoy en día se ha conseguido una gran profusión de falsos discípulos, y muchos llaman a eso, ignorantemente, avivamiento. Estos falsos discípulos son el resultado de una errónea predicación, que de hecho ha negado la cruz, y ha exaltado la autoestima.
En lugar de predicar un mensaje verdaderamente cristocéntrico, se está predicando un mensaje antropocéntrico, es decir, centrado en el hombre y para el hombre.
En lugar de predicar la muerte, o negación del yo, se ha elevado éste a la máxima exponencia. Es un mensaje donde lo que prima es el bienestar del creyente, por encima de cualquier otra consideración. Un mensaje en el cual, el padecer por Cristo no se halla por ningún lado (Fil. 1: 29), y la cuestión del pecado y de sus consecuencias, se obvian todo lo que se puede. Un mensaje que halaga y consuela a la carne, pero no produce ningún fruto de justicia ni de arrepentimiento, sólo el pretender que la persona se sienta bien consigo misma. En realidad, es un mensaje de verdadera muerte.
Aiden Wilson Tozer (1897-1963), ya hace bastantes años, lo describió así:
“Si lo veo correctamente, la cruz del evangelismo popular no es la cruz del Nuevo Testamento. Se trata, más bien, de un nuevo y brillante adorno sobre el seno de la autoconfiada y carnal cristiandad...La vieja cruz mataba a los hombres; la nueva cruz los entretiene. La vieja cruz condenaba; la nueva divierte. La vieja cruz destruía la confianza en la carne; la nueva cruz la alienta... La carne, sonriente y confiada, predica y canta acerca de la cruz; ante ella se inclina y señala con una gesticulación bien ensayada, pero no quiere morir sobre aquella cruz, y rehúsa tercamente llevar el vituperio de aquella cruz” (4)
La cruz de Cristo comunica el mandato de Dios al hombre de rendir su voluntad a la Suya. Si no hay muerte, no hay vida...sólo vacía creencia, mera religiosidad. El que no quiere rendir su yo a Cristo, dispuesto a hacer Su entera voluntad, no es digno de Él, y no debería llamarse lo que no es: cristiano. Como vemos, ese mensaje es absolutamente opuesto al mensaje yoísta que oímos constantemente por una gran mayoría de medios de comunicación que se dicen cristianos.
¡Guardémonos en esta hora de todo lo que se opone aun indirectamente a la Palabra de Cristo!
¡Cuidado con ciertos afamados hombres de púlpito! Una alarmante mayoría de predicadores cristianos de fama hoy en día, predican ese “mensaje positivo” siempre, prácticamente jamás mencionando la verdadera cruz. Son todos ellos muy populares, y los hombres los tienen en alta estima, pero ¡ay de ellos! El mismo Señor Jesucristo lo expuso con suma transparencia:
“¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! Porque asi hacian sus padres con los falsos profetas. 
(Lucas 6: 26)
Son muy populares, porque buscan el decir a sus oyentes y clientes lo que quieren escuchar, algunos de ellos no importándoles demasiado si su audiencia es creyente o no.
Dirigiéndose a estos últimos Joel Osteen, el principal de la iglesia más grande numéricamente hablando de EEUU, en su libro “Your Best Life Now”, un libro que llegó a ser un best-seller, vendidas más de 4 millones de copias, y dirigido a todos los públicos, se expresa del siguiente modo:
“Hay una semilla en ti intentando tomar raíz....Es tu hora. Tú has podido estar enfermo por largo tiempo, pero ahora es tu momento para ser sano. Tú puedes estar atado a muchas adicciones, a toda clase de malos hábitos, pero ahora es el momento de ser libre. Puedes estar en apuros financieros, con toda clase de deudas, pero ya es tiempo de salir de ello...Amigo...es hora de agrandar tu visión” (5)
El contexto de esa cita, sólo es la promoción del bienestar del lector que llegaría a poder disfrutar por cambiar de forma de pensar; de pensar en negativo, a pensar en positivo. De vez en cuando Osteen coloca un “Dios” aquí o allá en su escrito.
Es impresionante como tantos pueden ser seducidos por el mensaje de hombres como Joel Osteen, y me estoy refiriendo a cristianos. Su mensaje no es el Evangelio, es otra cosa. En vez de hablarles a los necesitados de Cristo, y a este crucificado (1 Co. 2: 2), les habla de “agrandar la visión”... ¿cuál visión si son impíos?, y todo “si llegan a un acuerdo con Dios” (6), invitando al oyente impío a una fe que no es más que un disparate, mostrando al bendito Dios como si fuera una especie de genio de la lámpara de Aladino, siempre éste, listo y dispuesto, a conceder los deseos personales de los que se acercan. La premisa que se presenta, no es acercarse a Dios, sino a Sus favores.
Pero este es el tipo de mensaje que muchos impíos quieren oír de parte de presuntos hombres de Dios, para así acallar sus conciencias, y lamentablemente, así ocurre con muchos cristianos también.
¡Cómo contrasta el mensaje de Joel Osteen, así como de mil falsos maestros más que pululan por doquier, con las ungidas palabras del príncipe de los predicadores del siglo XIX, Charles H. Spurgeon (1834-1892)!:
“Antes de atreverme a hablar de Cristo, hago que la persona se sienta pecadora. Examino su alma y le hago sentir que está perdido antes de contarle de la bendición [de la salvación]. ¿Ha sido usted convencido de pecado? ¿Ha sentido culpa ante Dios? ¿Ha mirado hacia el Calvario para hallar auxilio? Si no fuere así, no tiene derecho a reclamar consuelo. No tome ni un átomo de ello. El Espíritu convence antes de dar consuelo, y usted debe ser operado por el Espíritu antes de recibir consuelo” (7)
Osteen, ni siquiera menciona la palabra pecado – para no ofender - y les habla constantemente de “consuelo”, mientras que Spurgeon, no les habla del consuelo de Dios, antes de hacer todo lo que está en su mano para que el oyente impío se de cuenta de cual es su situación real ante Dios.
Pero cuando oímos mensajes como “el cuerpo de Cristo va finalmente a apoderarse de todo el dinero” (8), mensajes que como este van por todo el mundo evangélico, ¿qué podemos esperar entonces? No es más que otra expresión de la apostasía que la Biblia predijo iba a ocurrir (2 Ts. 2: 3), y como dice Hunt:
“Cambiar la persecución por la promesa de prosperidad puede parecer una gran ganancia desde el punto de vista terrenal, pero cuando se ve desde la perspectiva de la eternidad, se reconocerá por fin como es cambiar una herencia celestial por el guisado de Esaú” (9)
2. ¿Positivo o verdadero; negativo, o falso? Como dije al inicio de este artículo, existen hoy en día conceptos y aun palabras que no podemos encontrar en la Biblia, y sin embargo, actualmente llenan libros y libros en las estanterías de todas las librerías cristianas donde vayas.
Positivo o negativo son dos sustantivos tan asombrosamente recurrentes en el medio eclesial, acompañados de acciones como pensar o confesar, que han llegado a inundarlo todo, y sin embargo no podemos encontrar en ninguna parte en la Escritura.
Muchos cristianos hoy en día han llegado a ser convencidos de que si mantienen un pensamiento “negativo” en sus mentes, y peor aún, si lo confiesan con su boca, eso les conllevará adversidad; algunos incluso lo llaman, maldición. Por ejemplo, enseñan que si uno desea ser un “líder de éxito”, debería pensar y confesar que es un “líder de éxito”, y jamás pensar lo contrario, y menos decirlo con la boca. No deja de ser todo ello, un concepto secular, proveniente de la enseñanza de la metafísica.
Dicho sea de paso, bíblicamente, no existe el concepto de “líder de éxito”, sino de fiel siervo (Mt. 24: 45).
El problema de base en cuanto a esto, es que se ha llegado a tragar la píldora dorada de que lo positivo es lo bueno, y lo negativo es lo malo. Entonces, lo positivo es lo contrario a lo negativo, como los polos opuestos. Esto, hermanos, es un concepto orientalista – es el ying-yang – es dualismo, y nada tiene que ver con la enseñanza de las Escrituras.
Para los seguidores de esa espuria filosofía, lo positivo sería lo bueno, lo exitoso, lo agradable, lo consolador y edificante, lo deseable, mientras que lo negativo sería, lo desagradable, lo malo, lo indeseable, lo fracasado, etc. Es un concepto muy cerrado y muy humano, pero no es de Dios.
La Biblia no nos habla de lo positivo, sino de lo verdadero; y no nos habla de lo negativo sino de lo falso.
Pero como decimos, para los proponentes de ese concepto que emana del budismo, el éxito siempre es lo que la persona determina que sea. Paul Yonghi Cho de Seúl, Corea, es muy explícito al respecto:
“Llenad vuestra mente de éxito y llegaréis al éxito...le pido a mi gente que nunca permitan que aniden pensamientos negativos en sus mentes, sino que piensen cosas positivas” (10)
Desde luego, el planteamiento de Cho, así como el similar de Castellanos del G12, Cash Luna, de Osteen, Hagin, Copeland y de cientos más, no es el bíblico. La pregunta que a priori nos hacemos es: “¿Qué o cuál es el éxito para el cristiano?”.
La respuesta es sencilla. Si deseamos por un momento utilizar aquí ese sustantivo, el cual apenas vemos en la Palabra, el verdadero éxito para el verdadero cristiano, es el amar a Dios como cosa primera en su vida, y consecuentemente, hacer Su voluntad (Deut. 6: 5; Mt. 2: 37; 6: 10; 26: 42). Mi mente deberá ser llena de todo aquello que es la voluntad de Dios, y lo primero en la voluntad de Dios es amar a Cristo.
Esto dista muy y mucho de todo planteamiento humanista, materialista y hedonista, donde intuitivamente uno busca lo positivo, es decir lo que siempre es conforme al gusto o al parecer del individuo, y por tanto agrada a su carne, y la Escritura no puede ser más clarita, hermanos:
“Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8: 5-8)
Escribe Dave Hunt:
“Positivo y negativo, tienen un sentido concreto en electricidad, matemáticas o física, pero estos términos no tienen nada que ver con la verdad, la justicia, la santidad, la obediencia a Dios y a Su Palabra, el evangelio de Jesucristo, o el poder del Espíritu Santo para vivir la vida cristiana. Cuando se emplean en un contexto así, estos términos causan una gran confusión” (11)
Lo positivo no siempre es lo verdadero, y sin embargo lo verdadero es lo que importa. La verdad, si lo es, es inmutable y es universal, es decir, objetiva. En cambio lo positivo es absolutamente subjetivo; para unos puede ser algo bueno o verdadero, mientras que para otros todo lo contrario. Lo mismo ocurre con lo negativo, no siempre es sinónimo de maldad o pecado o similares.
Para un homosexual practicante, una convención pro gay puede ser algo positivo, y sin embargo según la Biblia no lo es. Para los adúlteros y fornicarios que se cierre su prostíbulo preferido sería algo negativo, y sin embargo, según la Biblia, no lo es.
¿Qué me dirían si un juez por querer ser positivo, y no negativo, dejara libres a todos los asesinos y ladrones que juzga? ¿Haría así justicia?
Esta sociedad atea práctica en la que mayormente vivimos – al menos aquí en Europa – considera positivo la actividad sexual indiscriminada, con tan sólo poner precauciones. No obstante, en ningún modo podríamos llamar a esto pureza, ni bueno, verdadero, o justo etc.
Justo de veras es reconocer que tantas veces, lo que se quiere dar a entender por positivo, es poco más que lo conveniente, agradable, favorable o placentero, y todo lo contrario, sería lo negativo. Por lo tanto todo ello implica una actitud muy subjetiva y relativista, dirigida y controlada por el “yo”, que como carne que es, buscará su propio provecho, y no el de Cristo necesariamente.
A nosotros como cristianos, no nos importa si algo es positivo o negativo, más que si es verdadero o falso, bíblico o no.
No podemos contemplar la Biblia con ojos llenos de positivismo porque si así hacemos, jamás avanzaremos en la verdad de la Palabra. Cuando leemos la Biblia con los ojos del “pensamiento positivo”, todo lo interpretaremos en términos muy humanistas, secularizados y segmentados, conforme a éxito o fracaso, y el resto, o no lo entenderemos, o lo desecharemos. Esa luz nunca será la del Espíritu Santo. Demos una explicación mayor de todo esto.
¿Qué enseñan los maestros del “pensamiento y confesión positivos”, y que dice la Biblia? El movimiento de la Confesión Positiva, cree y enseña que existe un poder inherente en las palabras de uno, que hace que todo lo que se piense y se diga, se cumpla. Por ello, su mayor énfasis, es que la persona siempre haga declaraciones positivas, porque si sus declaraciones son negativas, entonces, ineludiblemente todo eso malo le vendrá. Una de sus frases recurrentes es la de que el “poder está en tu boca”.
De nuevo aquí, Joel Osteen, uno de los actuales impulsadores de ese movimiento, escribe así para todos:
“Cuando tu pienses en positivo, con pensamientos excelentes, tu serás impulsado hacia la grandeza...lo que tu dices en el medio de tus dificultades, tendrá un gran impacto sobre cuanto tiempo permanecerás en esa situación” (12)
Así que, según ellos, nuestras vidas están dirigidas por nuestras mentes y nuestras palabras, obteniendo todo lo que pensemos y digamos. No deja de ser un concepto mágico y supersticioso, y no deja de ser también y por tanto, una estupidez que no merece demasiado comentario, pero alguno haremos aquí para refutarlo como se merece, por amor a muchos.
Entendamos lo siguiente: si somos cristianos, ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, somos de Cristo (2 Co. 5: 17). Por lo tanto si es así, nuestros pensamientos serán los Suyos (1 Co. 2. 16), y lo que salga de nuestra boca será lo Suyo (S. 81: 10), y si alguna vez no es así, y concebimos en nuestra mente algo contrario a Su voluntad y aun lo declaramos – lo cual la Biblia le llama a eso pecado – lo confesaremos, y Él es fiel y justo para perdonarnos (1 Jn. 1: 9), y no hay mayor problema que ese.
Por lo tanto, ningún poder en nosotros existe que nos pueda controlar o dominar, tanto para lo positivo, como para lo negativo ni en nuestra mente ni en nuestra boca.
Lo que sí es poderoso es cuando en fe declaramos la Palabra de Dios, y ese poder no somos nosotros ni es nuestro, sino que es el Espíritu Santo en nosotros. Hasta aquí.
Pero muchos van más lejos todavía. Kenneth Hagin Jr. escribe diciendo que Dios es “el mayor pensador positivo que jamás haya habido” (13) ¿Será eso cierto? ¡No! Dios no es eso, Dios es santo, y eso es mucho más que simplemente positivo, aun descartando como es natural, toda acepción humanista del término. Dios es verdadero y no positivo.
Abundando en esta exposición, todos los maestros presuntamente cristianos del “pensamiento positivo” o “confesión positiva”, dirán que la Biblia es el libro más positivo que existe, el principal de la Actitud Mental Positiva, como lo llaman. Sin embargo se contradicen. Ni los adjetivos positivo ni mental aparecen en la misma, y tampoco podemos considerar la Palabra de Dios, conforme al criterio de esos maestros, un libro positivo, sino más bien todo lo contrario, negativo. Veamos por qué.
Jesucristo y la confesión negativa: La Biblia, conforme al pensamiento secularizado positivista de esos falsos maestros, en realidad es una obra altamente negativa; en ella aparecen constantemente ejemplos de acción y “confesión negativa”. Veamos algunos ejemplos. El Señor Jesucristo es el protagonista por excelencia de las Escrituras, y el ejemplo más claro a imitar, como todos sabemos. El mismo declaró innumerables “confesiones negativas”. Veamos algunas pocas de ellas:
1. “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada” (Mateo 10: 34) - ¿Quizás por esa confesión “negativa” el mundo está como está? Todos sabemos que el Príncipe de paz no ha traído Su paz hasta este momento, porque el mundo no se ha hecho digno de ella, por no renunciar a su pecado.
Como vemos aquí, la cuestión moral está muy por encima del “pensamiento positivo”.
2. “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (Mateo 8: 20) – ¿quizás por esa confesión “negativa” Él llegó a vivir en pobreza?
3. Cuando Pedro le reconvino para no ir a la cruz, “Él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo...” (Mateo 16: 23) - ¿quizás por eso acabó en la cruz?; que curioso que la respuesta completa del Maestro fuera: “...me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres”. Justamente esa es la base de la filosofía positivista, está enfocada en el hombre y no en Dios.
4. Cuando fue ante Pilato, y este le preguntó por qué había sido acusado por los judíos, el Señor respondió: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18: 36) - ¡Vaya “confesión negativa” más inapropiada e inoportuna, siendo Él el Rey de Israel!...
¿Por qué no se atreven a decir esos falsos maestros positivistas que el Señor podría haberse librado de la cruz si hubiera hecho una “confesión positiva”? ¿No se atreven a tanto, o no quieren mostrar su tremenda hipocresía en público?
Cristo debía ir a la cruz, y en obediencia fue, pero eso en términos de “pensamiento positivo” es tremendamente negativo... ¡pero nosotros damos tantas gracias a Dios por ese acto negativo, el cual nos ha salvado de las llamas del infierno!
¿Saben? Nuestro amado Señor aquí en la tierra, estaba por encima de lo positivo o lo negativo, y así debemos nosotros andar en esta tierra. El no vino para hacer su voluntad como hombre – lo cual sería lo positivo - sino para hacer la voluntad del Padre. Eso último, evidentemente está por encima de cualquier consideración humana en cuanto a lo que es correcto o incorrecto, oportuno o inoportuno, conveniente o inconveniente, positivo o negativo.
¿Qué, si Dios quiere que ese hermanito esté pasando por ciertas dificultades de salud o financieras, porque el Espíritu Santo está haciendo algo en su vida, enseñándole algo que le valdrá para la eternidad, aunque ahora mismo le sea doloroso?
El problema es que pensamos en pequeño, sólo en cuanto a esta vida, pero debemos pensar conforme a la mente de Cristo, de aquí a la eternidad. El movimiento de la “Confesión Positiva” no ve más allá de sus narices, su vista es muy corta, y entra de pleno y de plano en el espíritu de Laodicea (Ap. 3: 14-18)
El que vive según el dictado de esa espuria filosofía humanista, está atado a sí mismo y no es libre en Cristo, aunque crea que está controlando y está en bendición. ¡Está engañado!
El “Avivamiento” y la “confesión positiva” Hoy en día se hace un gran énfasis en cuanto al Avivamiento, y muchos han llegado a creer a fuerza de la machacona insistencia por parte de los “profetas” y “profetisas”, de que hay un generalizado Avivamiento global. En el pasado, hubo verdaderos focos de avivamiento; entendiendo por avivamiento, una verdadera conversión a Cristo por parte de bastantes. Hoy en día, en algunos puntos concretos de la geografía mundial, se están dando focos de avivamiento y damos la gloria a Dios por ello, así como debería ser en nuestras vidas particulares.
El sentido del avivamiento siempre habrá que entenderlo como el de las gentes que se arrepienten de sus pecados y se entregan a Cristo, con lágrimas y convicción, así como los que se consagran y perseveran en Cristo. Pero el entendimiento hoy por parte de muchos, de lo que es un avivamiento genuino es muy diferente a lo explicado.
El tan “profetizado” gran Avivamiento Mundial –el cual la Biblia lejos de mencionarlo, lo niega – sólo está en la “confesión positiva” de muchos, y no en la verdadera fe, por cuanto no está en las Escrituras.
Es positivo creer en el Avivamiento Mundial, pero no es verdadero. Es tan positivo como falso.
Junto con esa constante “confesión positiva” (como que confesándolo y re-que-te-confesándolo se llegará a producir), está el sobre exagerado énfasis de las sanidades, y la expectativa constante de felicidad, éxito, poder y fortuna (a lo cual muchos, “cristianizándolo”, lo llaman bendición); como acertadamente escribe J.I. Parker:
“A fin de cuentas, ¿sobre qué estamos predicando primordialmente en estos días, y sobre qué producimos programas de televisión y videos? La respuesta global a mi pregunta parece ser: éxito y euforia; conseguir de Dios la salud, riqueza, tranquilidad y unos sentimientos de dicha constantes” (14)
Es la paz y la seguridad humana, y no necesariamente lo que Dios tiene en Su agenda. Ese avivamiento interpretado así, sólo tiene que ver con euforia, señales y manifestaciones que no son del Espíritu Santo, aunque así se cree; emocionalismo; aparentes milagros; presunta conquista, éxito, felicidad, falsas visiones, nuevos modelos, nuevas revelaciones, etc.
En cuanto a esto último, rescatamos lo que en el siglo XIX, el príncipe de los predicadores, Charles H. Spurgeon dijo en uno de sus libros:
“He oído a muchos fanáticos afirmar que el Espíritu Santo les ha revelado ésta o aquélla idea. Estas son tonterías reveladas. En la actualidad, el Espíritu Santo no revela cosas nuevas. Él trae lo antiguo a nuestra memoria. El canon de la revelación ya está terminado. No se le puede agregar cosa alguna. Dios no ofrece una nueva revelación sino que afianza la antigua. Cuando ha sido olvidada en la cámara de nuestra memoria, Él la saca a luz, limpia el cuadro, pero no pinta uno nuevo. No existen nuevas doctrinas, sino que hace revivir las antiguas. El Espíritu no consuela mediante nueva revelación. Él nos consuela haciéndonos recordar las cosas antiguas nuevamente” (15)
¡Qué gran diferencia a lo que ocurre hoy en día con tantos trayéndonos “nuevas revelaciones” del saco de su inoperancia y descrédito espiritual! Aun algunos de ellos pretenden decirnos que esas revelaciones, a lo cual llaman visiones, no son nuevas sino que están en la Biblia, buscando el engañar y entontecer al incauto desconocedor de la Santa Escritura.
Una de esas “nuevas revelaciones” es justamente el pretendido y “profetizado” hasta el hastío “Gran Avivamiento Mundial” que deberá, según sus proponentes, producirse en este tiempo. Lejos de ello, y tal como la Escritura nos advierte, una gran apostasía se está levantando, esto sí, camuflada de falso avivamiento y poder.
No creer en el Avivamiento Mundial es desaforadamente negativo. Creer que estamos en plena apostasía, también lo es, pero ambas cosas son conforme a la verdad expresada en la Palabra. Por lo tanto, el engaño a la postre, lo reciben los que no aman la verdad más que sus propios anhelos, aunque les parezcan muy deseables, y aun justos y correctos.
Recordemos que la Biblia nos enseña que los que no aman la verdad, sino que se complacen en la injusticia – es decir, en lo que puede ser correcto a ojos del hombre, pero que no lo es a los ojos de Dios – serán cada vez más aparatosamente engañados a través del poder emanado del misterio de la iniquidad, que se manifestará con “gran poder y señales y prodigios mentirosos” (2 Ts. 2: 7-12). Esto ya está ocurriendo, y a gran escala.
3. Concluyendo: Mucho más podríamos decir aquí sobre todas estas cuestiones, pero nos debemos detener por falta de espacio y por no abusar de la paciencia del querido lector. Antes de hacerlo, no obstante, me gustaría que fuéramos a la Palabra una vez más antes de finalizar:
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4: 8)
Lo verdadero es lo de Dios, y no lo del hombre, aunque sea muy bien intencionado y deseable, por tanto, lo verdadero se opone a lo positivo muchas veces. Por lo tanto, en este sentido, lo verdadero sería considerado como “pensamiento o confesión negativos”.
Lo honesto está por encima de uno mismo y de su propio honor o defensa, siendo un exponente de la verdadera humildad, por tanto, lo honesto siempre se entenderá conforme a la negación del yo. Por lo tanto también, lo honesto sería considerado como “pensamiento o confesión negativos” muchas veces.
Lo justo es lo que Dios determina y no el hombre, aunque le parezca extremadamente razonable, por tanto, lo justo se opone a lo positivo muchas veces. Por lo tanto aquí, lo justo sería considerado como “pensamiento o confesión negativos”.
Lo puro es en cuanto a la pureza de Dios, conforme a Su santidad y no conforme al dictamen humano, por tanto, lo puro se opone a lo positivo muchas veces. Por lo tanto, aquí, lo puro sería considerado como “pensamiento o confesión negativos”. Etc. etc.
¿Positivo o negativo? No estamos hablando de fuerzas antagónicas, ni siquiera estamos hablando de poder, sea en la mente, sea en la lengua; estamos hablando de algo mucho más sublime que todo esto, estamos hablando de la santidad de nuestro Dios, y ese es el ejemplo a imitar.
¿Mi bienestar yoísta y el de los míos? – yo, mí, mío - ¡No!, estamos hablando de algo superior a nosotros mismos, a la obediencia por amor a Aquél que nos creó, nos amó, y proveyó para nosotros un Cordero sin mancha ni arruga, que fue sacrificado para nuestro perdón y salvación eterna...
No se ustedes, pero yo prefiero buscar lo que es de Dios, como Dios quiere, y no otra cosa:
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6: 33)
Dios se encarga de mis necesidades, cuando yo me ocupo de su Reino, que es el hacer Su voluntad.
Dios les continúe bendiciendo.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, EspañaDiciembre 2007
Notas:
Dave Hunt; su libro “Más allá de la Seducción”, pág. 18
Ibidem, pág. 21
Andrew Murray, su libro “Consagración Total” ed. Clie, pág. 27
A.W. Tozer, su libro “La conquista divina” ed. Clie, 1990, pág. 57
Joel Osteen, su libro, “Your Best Life Now”, (Agrandando tu visión) pág. 10
Ibidem
Charles H. Spurgeon; su libro “Poder del Espíritu Santo”, Págs. 21, 22
Gloria Copeland, “God´s Will is Prosperity”, pág. 60
Dave Hunt; su libro “Más allá de la Seducción”, pág. 27
Paul Yonghi Cho, su libro “La Cuarta Dimensión”, volumen dos, págs. 56, 57
Dave Hunt; su libro “Más allá de la Seducción”, pág. 33
Joel Osteen, su libro, “Your Best Life Now”, (Descubre el poder de tus pensamientos y palabras), págs. 104, 123
Kenneth Hagin Jr. “The Word of Faith”, Nov., 1984, pág. 3; sacado de Dave Hunt; su libro “Más allá de la Seducción”, pág. 34.
J.I. Parker; su artículo “Put Holiness First”, Christian Life, mayo, 1985, pág. 46
Charles H. Spurgeon; su libro “Poder del Espíritu Santo”, pág. 18

!!No Toqueis A Mis Ungidos!!

 <Audio>

 

2 TIMOTEO 4:1-2 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,

que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.

Vamos a partir en este mensaje, desde ciertos posicionamientos teóricamente bíblicos, y digo así, porque hoy en dia se usan a la libre e interesada interpretación de algunos, y han desarrollado una forma de caciquismo espiritual, el cual eleva y mantiene en una posición de intangibilidad a esos que se les ha venido a llamar, “nuevos ungidos”.

Esos líderes, no siervos, ya no son como solían ser; es decir, verdaderamente humildes, accesibles, transparentes, sufridos, enseñables (Tito 1: 7-9). No, ahora, subidos en sus imaginarios e intocables pedestales de religiosa infalibilidad, se pavonean ante todos en su supuesta superioridad, abrigados en soberbia, mostrando los preciosos colores de sus etéreas y suntuosas plumas, como los especialmente elegidos para liderar a sus súbditos correligionarios. Cualquier cuestionamiento que se les haga, es visto como un signo de rebelión.

Muchos de ellos, saben como disimular su orgullo ante los demás, otros, ni siquiera se molestan en hacerlo, pero el resultado es el mismo, y su mensaje con el cual han sabido aleccionar muy bien a todos por años, les sirve de escudo y protección, también:

“¡NO TOQUEIS A MIS UNGIDOS!”, DICEN.

Criticar o cuestionar cualquier cosa que digan o hagan; juzgar las evidencias de sus acciones, actuaciones, enseñanzas, conducta, etc. es inaceptable; ahora bien, muchos de ellos, o sus seguidores, a los que se oponen o discrepan, se permiten el lujo de atemorizarlos con y hasta con decretos no exentos de amenaza:

“¡AY DEL QUE TOCA AL UNGIDO!”, DICEN.

Se defienden como gato panza arriba ante la crítica de sus enseñanzas o de su presunto ministerio por parte de los que nos atrevemos a hacerlo, la respuesta de ellos o de sus correligionarios, es siempre la de cuestionar los motivos; diciendo que tenemos envidia, celos, u odio, etc.

Por lo tanto, según ellos, al resto de los mortales, no se nos permite observar y denunciar sus desvaríos, así como reprenderlos (2 Ti. 3: 16), por que caemos bajo el pecado de la murmuración, y la crítica, según dicen. Para ello - y entre otras actuaciones - esgrimen de forma inadecuada la Palabra, presentándonos diferentes ejemplos vetero-testamentarios sacados de su contexto e intención originales. Veamos algo de esto último.

Comparando a los modernos “ungidos” con Moisés
Uno de estos ejemplos: la murmuración (*) de María y Aarón contra Moisés, y el castigo que sufrieron (ver Números 12), sin comprender que los dos hermanos de Moisés realmente procedieron mal, llevados por los celos y el racismo, y no por una sana crítica (**).

(*) La murmuración es conversación en perjuicio de un ausente.
(**) La crítica es examen y juicio acerca de alguien o algo.

Otro de los varios ejemplos que presentan, es el de la rebelión de Coré (Números 16), donde éste, Datán y Abiram, On, etc. “se levantaron contra Moisés con doscientos cincuenta varones de los hijos de Israel...” (Números 16:1, 2). Poner ese caso como ejemplo, nos parece también un especial absurdo.

Coré y los demás, por envidia y rebeldía se levantaron contra la autoridad espiritual que Dios había colocado en su pueblo. Varias cosas hay que entender primeramente:

1. Moisés era un tipo de Cristo. Fue el mediador verdadero y escogido que Dios levantó para guiar a Su pueblo, sacándolo de Egipto y llevándolo a través del desierto hacia la Tierra Prometida. Levantarse contra Moisés en ese momento, sería como hoy en día levantarse contra Cristo hombre (1 Timoteo 2:5)

2. Hoy en día no existen figuras como la de Moisés, ya que vivimos en una dispensación muy diferente a aquella del antiguo Israel. Pero hay más;

3. Si Moisés hubiera hecho algo públicamente pecaminoso, malo o incorrecto, hubiera sido absolutamente lícito y escritural que se hubieran levantado personas para demandarle rectificación, exponiendo públicamente sus presuntos pecados. Eso no hubiera sido murmuración, ni crítica desautorizada, sino un acto de justicia. Eso último no ocurrió, porque Moisés fue fiel todos los días de su peregrinación (Números 12:7)

Si Moisés hubiera requerido de corrección o reprensión, pública o privada, habría que habérsela dado, porque Dios siempre ha tenido a sus profetas dispuestos para el caso, como fue con Natán respecto a David (2 Samuel 12).

El ejemplo de Pablo y Pedro/ ¿privacidad o publicidad?
Hermanos, si es que deseamos y oramos por un verdadero cristianismo conforme a la Biblia, entonces nadie en el Cuerpo de Cristo – o presuntamente en él – puede ser inmune a la corrección; ¡nadie!, y quien públicamente enseña herejía, públicamente deberá ser reprendido. Este último caso lo tenemos descrito en la Palabra de Dios cuando Pablo reprendió a Pedro, y lo hizo públicamente:

“Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar... cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos... (Gálatas 2:11, 14)

El asunto fue que el apóstol Pedro, antes que llegaran algunos judíos de parte de Jacobo, comía con los gentiles, “pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión, y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos” (Gálatas 2:12, 13)

En otras palabras, Pablo, se dio cuenta de que Pedro estaba siendo hipócrita y tremendamente deshonesto, y otros ya seguían sus sibilinos pasos. Conque públicamente pecó, públicamente fue reprendido. Ese es un ejemplo muy claro de cómo debemos proceder hoy en día también, y más enseñanza existe en la Palabra al respecto:

“Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos. A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman.(1 Timoteo 5:19,20)

Como vemos aquí, el motivo, no es tanto para que los públicos infractores se arrepientan, sino para que los demás se aparten del mal.

Pablo no pudo por un mínimo sentido de justicia haber tratado este asunto de Pedro de manera privada con él, porque no fue un asunto personal, es decir, no fue que Pedro particularmente ofendió a Pablo. La cuestión es que Pedro, por su temor al hombre, había llevado a aquellos creyentes que estaban con él al extravío; por lo tanto Pablo estaba no sólo obligado a corregir a Pedro, sino a hacerlo de forma que corrigiese la situación que el error de Pedro había causado en aquel medio.

Como vemos también, un cristiano, en este caso Pablo, se atrevió a “tocar” al ungido Pedro, el cual en su día fue declarado bienaventurado por el mismo Jesucristo (Mateo 16:17)

¡Damos tantas gracias a Dios, de que en esta dispensación de la gracia y la verdad (Juan 1:17), ya no hay ungidos especiales, sino que todos los verdaderos cristianos, por haber sido constituidos hijos de Dios por adopción, (Juan 1: 12; Romanos 8:15; Gálatas 4:5) somos todos ungidos, a causa del Ungido, Cristo Jesús, es decir el Mesías! No hay diferencias entre unos y otros, sino que todos somos hermanos (Mateo 12: 48; 23: 8) e iguales ante Dios.

Si se permite que exista una especie de “élite clasista lideral”, cuyas enseñanzas y acciones no pueden ser cuestionadas por nadie, puestas a la luz de la Palabra, y expuestas públicamente, entonces tenemos un cáncer dentro del seno eclesial, del cual, si no nos arrepentimos y corregimos a tiempo, padeceremos cada vez más las consecuencias, como de hecho ya empezó a ocurrir de unos años a esta parte de manera aterradora, llegándose a formar una metástasis.

1. Entonces, ¿qué significa “no tocar al ungido”?
No podemos usar la Biblia ni parte de ella, como un arma arrojadiza según nuestra conveniencia. Creo que todos aunque sea en teoría estaremos de acuerdo con esto. Cuando leemos en ella: “No toquéis... a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas” (Salmo 105:15), no podemos usar esa escritura para defender lo indefendible.

Por lo tanto, vayamos por partes. Primeramente entendamos que nos tiene que enseñar la Palabra de Dios acerca de lo que es un ungido, y sigamos con la exposición de nuestro argumento de forma exegética. Vemos que en el Antiguo Testamento, los llamados ungidos eran personas apartadas para Dios para desempeñar tres diferentes funciones. La primera vez que se menciona a alguien con ese apelativo, es al sacerdote:

“Y las vestiduras santas, que son de Aarón... si el sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo...” (Éxodo 29:29; Levítico 4:3)

Vemos que Aarón fue el primer sacerdote, ungido por Moisés - tipo de Cristo – (ver Éxodo 29), y que no estaba libre de pecado, ni de ser reprendido.

Pero la primera persona expresamente mencionada como profeta, y eso de parte de Dios directamente, fue Abraham (Génesis 20:7); y acerca del cuidado que Dios tenía y tiene por sus hombres, leemos en la Biblia:

“No consintió que nadie los agraviase, y por causa de ellos castigó a los reyes. No toquéis, dijo, a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas” (Salmo 105:14, 15).

También en 1 Crónicas 16: 22,

“No permitió que nadie los oprimiese; antes por amor de ellos castigó a los reyes. No toquéis, dijo, a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas

Como veremos con mas detalle un poco más adelante, Abraham fue vindicado por Dios por el hecho de ser profeta, y por tanto, ungido del Señor.

En el Antiguo Testamento
En el Antiguo Testamento, los ungidos pertenecían a tres clases oficiales:

1. Los profetas

2. Los sacerdotes

3. Los reyes

En el Israel del Antiguo Testamento, como adelantamos, esos tres créditos correspondían a personas que fueron apartadas para Dios para sus correspondientes trabajos u oficios. Los profetas eran llamados y ungidos directamente por Dios con Su Espíritu (Números 11:29). Los sacerdotes y los reyes eran ungidos con aceite para desempeñar sus oficios, después de lo cual se les llamaba, y así eran reconocidos, los “ungidos de Jehová” (ver Ex. 30: 22-31; 37:29; 40:12-16; Levítico 4:16; 6:20; Números 3: 3; 35:25; 1 Samuel 2:10; 10:1; 16:12, 13; 2 Samuel 1:21; 2:4; 5:3; 23:1; Isaías 61:1; Lucas 2:26; Lucas 4:18; Hechos 4:27; 10:38)

Esos tres oficios mencionados, iban a ser tomados y colocados sobre Jesús de Nazaret, el Mesías – que significa el Ungido – por lo tanto Jesucristo es el Ungido por excelencia; y como ya dijimos antes, cada uno de sus salvados somos sus ungidos, porque Él es el Ungido (2 Corintios 1:21), que por Su Espíritu ha venido a morar en cada uno de nosotros, siendo nosotros uno en Él y con Él... ¡y no hay diferencias entre unos y otros en ese contexto y en esta dispensación!

Por lo tanto, en este tiempo, sea lo que en principio signifique “no tocar a los ungidos” – lo cual veremos en un instante - deberá aplicarse a todos los creyentes sin distinción, y no meramente a unos exclusivos y públicos líderes. ¡O todos, o ninguno!

Así pues, en definitiva, ¿Qué significa “no tocar a los ungidos”? Vayamos por partes. En el Antiguo Testamento, el “no tocar” a los ungidos ni a los profetas, tenía el sentido de no hacerles mal, ni de injustamente agraviarles o matarles. El caso muy concreto fue el de Abimelec cuando estuvo a punto de tomar por concubina a Sara, la esposa de Abraham y Dios intervino directamente (ver Génesis 20:3-7), por ser él un ungido.

Efectivamente, en ese caso, ese hombre, Abimelec, aun y en su ignorancia, estuvo a punto de cometer un gran pecado, ofendiendo y dañando a Sara y a Abraham (aunque Abraham se lo buscó, ver la historia).

David y Saúl
Otro caso, fue el de David y el rey Saúl. En 1 de Samuel 24, encontramos que el rey Saúl, empecinada e injustamente, perseguía con ahínco satánico a David para darle muerte. No obstante, y a pesar de su obstinación, Dios entregó a Saúl en manos de David dos veces; la primera vez, en aquella cueva del desierto de En-gadi. Hubiera podido David matar a Saúl allí mismo, pero como aquél era todavía el rey ungido de Israel, no lo hizo, y estas fueron sus palabras:

“Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová” (1 Samuel 24:6)

Más tarde, la misma situación se repitió, y David volvió a negarse a dar muerte a su terrible enemigo:

“Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe. Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?” (1 Samuel 26:8, 9)

Claramente podemos ver que en ese caso, la ley prohibía dar muerte a Saúl, por ser el ungido de Dios para reinar, aunque ya Dios lo había desechado. David no se atrevió a dañarle, menos todavía, matarle a causa de esa palabra: “No toquéis a mis ungidos” (S. 105).

Ahora bien hermanos, ¿Qué tendrá que ver esto, con no reprender a aquellos que en la actualidad enseñan herejía o malas acciones al pueblo de Dios? ¡Absolutamente, nada! En ningún modo se puede justificar con esta frase vetero-testamentaria (S. 105), que no debamos atrevernos a cuestionar las enseñanzas de algunos de estos líderes “ungidos” de la actualidad, y a ellos mismos – muchos de ellos que lo son sólo en apariencia - ¡En ningún modo!

David, aunque pudo, no dañó ni dio muerte a Saúl por dos veces; es decir, no le “tocó”, no obstante, sí le reprendió en presencia de todo su ejército, por lo menos dos veces (ver 1 Samuel 24:10-15; 26:17-20).

Entendamos esto: todos los ungidos del Antiguo Testamento, incluido el propio David, fueron debidamente reprendidos, incluso públicamente, por los profetas de Dios; la Biblia ofrece una amplia exposición de todo ello. Así también ha sido en el Nuevo Testamento, como vimos, con el caso de Pablo hacia Pedro, etc.

Veamos de nuevo la porción escritural con la que abríamos este artículo:

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.(2 Timoteo 4:1)

Por lo tanto, y de una vez por todas, no se puede esgrimir el texto bíblico de “no tocar a los ungidos” a la hora de refutar, reprender, exhortar, redargüir, combatir las falsas enseñanzas y a los que las promueven:

¿PORQUE?

- Porque el “no tocar” se refiere a no dañar injustamente, maldecir, matar, descalificar, calumniar, infamar; en definitiva, destruir.

- Porque en la actualidad los ungidos, no son una clase sacerdotal aparte, sino que todos los verdaderos creyentes somos ungidos.

- Porque es un deber del cristiano el hacer una defensa ardiente de la fe una vez dada a los santos a causa de que han entrado encubiertamente hombres impíos en el seno eclesial (Judas 3, 4)

¡Más alto se puede decir; más claro no!

2 ¿No debemos juzgar?
Equivocadamente muchos hoy en día, escudándose en un sentido humanista del amor y de la ética, creen que es incorrecto, no sólo delatar el error, sino además, dar a conocer los autores del mismo.

Aquellos que creemos fielmente en exponer o delatar la herejía de acuerdo a la Biblia, ahora estamos siendo en muchos casos ferozmente increpados, acusados de ser descorteses y faltos de amor. Algunos todavía van más lejos como dijimos al principio, tomándose el incierto lujo de acusarnos de envidiosos o de llenos de odio.

Uno de los famosos dichos que esgrimen para no hacer, ni permitir hacer una defensa de la fe, es el de “no juzgar”. Uno de los versículos mal usados de la Biblia para ello, es: "No juzguéis, para que no seáis juzgados" (Mateo 7: 1). Pero como siempre venimos diciendo a lo largo de tantos mensajes, cada versículo de la Escritura debe ser entendido en su contexto, y no de manera aislada, y menos aún, intencionada.

Se desmonta fácilmente la errónea intencionalidad al usar ese versículo de forma aislada, cuando examinamos su contexto:

“Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7: 2-5)

Claramente vemos que el tipo de juicio al que se refiere el Señor – el cual además tiene la implicación de “juzgar condenando” (krínete en gr.) - se refiere a un juicio hipócrita, es decir, basado en el fingimiento, doblez y ceguera voluntaria, y no en la verdad de la Escritura.

Ahora bien, sabemos que:

“El hermano que tiene una viga en su propio ojo no debe juzgar a otro que tiene una paja en el suyo. La enseñanza es clara; usted no puede juzgar a otro acerca de su pecado, si usted es culpable del mismo pecado” (1)

Cierto. Eso dista muy, y mucho de hacer un juicio justo, conforme a la Escritura, como el Señor Jesús nos alienta a hacer en Juan 7: 24; “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”.

Aquellos que se aferran a "no juzguéis, para que no seáis juzgados", al condenar a aquellos que delatan el error, deberían leer el capítulo entero. Jesús dijo, "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas...." (v.15)¿Cómo podemos conocer a los falsos profetas, si no los juzgamos de acuerdo a la Palabra de Dios? (2)

Algunos se acogen a otro pasaje bíblico para argumentar que no debemos juzgar:

“Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?” (Santiago 4:10, 11)

Nótese que dice murmurar, y ese juzgar al hermano va en ese mismo contexto, por lo tanto no es un sano juzgar, sino más bien un dañar injustamente, o un “tocar” al hermano. Evidentemente eso no lo debemos hacer, pero esto dista mucho de la apologética o defensa de la fe tal y como venimos enseñando.

¿Con qué autoridad podemos y debemos reprender y corregir? Respuesta: con la que nos concede la Palabra de Dios.

Es la Palabra de Dios la que juzga, y no nuestro parecer humano. Es la Palabra de Dios la que descalifica lo incalificable, la que reprende lo reprensible, la que corrige lo incorregible, la que separa lo inseparable, la que destruye lo destructivo. La que juzga es la misma Palabra de Dios, y esa Palabra de Dios, cual espada de dos filos (Hebreos 4:12; Efesios 6:17), ¡ha de ser consecuentemente esgrimida con rigor!

La Palabra, cual espada del Espíritu, tiene que ser desenvainada y blandida con rigor y con amor. Esa es nuestra porción.

No vale con decir, como muchos hacen: “Ya Dios les juzgará, y usted sólo dedíquese a orar y a llevar la palabra a los perdidos”.

¡No! eso no es así. Usted y yo tenemos la tremenda responsabilidad ante Dios de ser sal y ser luz (Mateo 5:13, 14); de no participar en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprenderlas (Efesios 5:11); de hacer un azote de cuerdas y echar fuera del templo de Dios todo lo que no es de Dios, y no permitir que se haga de la casa del Padre, casa de mercado, aun y a tenor de ser considerados faltos de amor, ásperos o desagradables como pensaron que lo fue nuestro Señor cuando así literalmente él hizo (Juan 2:3-16).
No podemos vivir un cristianismo pasivo, sincrético y ajeno a lo que otros hacen. Existe un Tribunal, el de Cristo que nos juzgará severamente si no hacemos como el Maestro hizo y nos enseñó a hacer (2 Corintios 5:10).
Tenemos la enorme responsabilidad de parte de Dios en Su Palabra, de juzgar todas las cosas (1 Corintios 2:15), por amor, no sólo a los perdidos, sino mayormente a los salvos, pero que están o pueden estar en gran peligro por llegar a seguir los postulados demoníacos de muchos falsos maestros y profetas, que enseñan – por citar unas pocas aquí - aberraciones como los “Encuentros del G12” y su contenido, el G12, el falso ecumenismo, la falsa prosperidad/doctrina de pactos de dinero con Dios, el falso mover y manifestación del Espíritu Santo, el falso avivamiento, la fe en la fe, la visualización, la confesión positiva, el pensamiento positivo/posibilista, la doctrina de los pequeños dioses, la teología del dominio o dominionismo, etc. etc. etc. Es decir, todo un añadido al Evangelio, lo cual es anatema (véase Galatas 1:8, 9) y aún contumazmente pretende ser considerado evangélico.

¡No, no vale con argumentar “ya les juzgará Dios”! Dios quiere que les juzguemos nosotros y ahora (1 Corintios 5: 12), no con condenación, sino poniendo a la luz lo que hacen para que los demás sean advertidos y se aparten.

"Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.(Romanos 16:17)

"Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo"(1 Juan 4:1)

"Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas. (Efesios 5:11)

¡La Palabra no puede ser más clara!

“Desde los púlpitos, plataformas mediáticas, usando todo medio a nuestra disposición, es menester hoy más que nunca refutar, redargüir, reprender, exhortar y elevar la verdad doctrinal por encima de las cabezas de los que quieran atender”

Si un hombre que dice serlo de Dios, públicamente enseña doctrina y acción heréticas y destructivas, aunque las presente adornadas con mil y un diferentes atuendos graciosos, no de gracia, tendrá que ser públicamente expuesta esa falsedad y a él mismo a través del ministerio de la Palabra, y si no se hiciera así, pecaría él y pecaríamos todos los que entendiendo la situación, no hiciéramos nada al respecto.

Como dice el Hermano Vicente Mercado Santamaría:

“No hay nada que haga más daño que el silencio de los inocentes o el silencio de los "buenos", en nuestro caso, el silencio de los buenos cristianos.

Nada entristece más que el hielo de la indiferencia o de los oídos tapados, ante la denuncia de situaciones en extremo graves, es decir, mortales, en nuestra amada Iglesia. Sentimos que la Iglesia evangélica de nuestros días se precipita cuesta abajo en caída pavorosa a la apostasía y la perversión o corrupción del evangelio que se predica y practica en muchísimas congregaciones.” Y sigue diciendo el hermano:

“Es una situación similar a la que vivió el príncipe de los predicadores, Charles Spurgeon, en el siglo XIX, cuando tuvo que enfrentarse a los nuevos vientos de doctrina o herejías del modernismo, el liberalismo y otros movimientos que se repiten amplificadamente hoy. Spurgeon se vio obligado a renunciar a su concilio de la Unión Bautista, donde casi todos se le habían opuesto o callaban ante sus denuncias. Precisamente, Spurgeon había titulado sus mensajes de esa controversia dentro de la Iglesia, "El declive" ("Down-Grade", o la cuesta abajo, el despeñadero, etc.). Sabemos donde comienzan o donde han llegado hoy las herejías, pero no sabemos hasta donde puedan llegar en próximos años. Es escandaloso lo que estamos viendo”. (3)

No podemos jugar más al cómodo y pueril “silencio de los corderos”, el deber de cada verdadero creyente es el de ser celoso y activo en la defensa de la fe:

“Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe, no atendiendo a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad” (Tito 1:13, 14)

Como también se expresa Dave Hunt a continuación:

“No osaremos mantenernos en silencio - ¡no debemos! -, ni nos dejaremos llevar del miedo a hablar por temor a ofender o a causar divisiones, mientras se falsea la fe una vez dada a los santos. No debemos contemporizar, porque ello no ayuda sino que estorba la causa de la verdad. Dejar de contender ardientemente por la fe deshonra a Dios. Si el amor de Cristo gobierna nuestros corazones, entonces contenderemos ardientemente por la fe que Él nos ha dado” (4)

El miedo a levantar la voz, no es manifestación del amor sino que es obra del enemigo, no nos engañemos. Ahora es tiempo de proclamar desde las azoteas eclesiales (Lucas 12: 3) el valiente mensaje de exhortación y reprensión, porque la palabra profética se está cumpliendo de forma ineludible en estos días finales:

“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4: 3, 4)

Más que nunca antes, es menester que cada verdadero creyente se levante como fiel atalaya de Cristo, no consintiendo el engaño y la falacia, sino predicando la Palabra, instando a tiempo y fuera de tiempo, redarguyendo, reprendiendo, exhortando con toda paciencia y con la doctrina de Cristo.

Tristemente, hoy en día, los que son llamados a ser ese tipo de atalayas celosos de Dios, están durmiendo en sus puestos de guardia, cumpliéndose a cabalidad el dicho del profeta Isaías:

“Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado”. (Isaías 56: 9-11)

Cuando uno busca sólo su propio provecho, sólo busca el provecho del diablo. Cuando uno sólo busca el Reino de Dios y Su justicia, sólo está buscando el provecho de Dios. Hagamos esto último, aunque muchos rechinen los dientes y continúen maldiciéndonos.

“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros” (Mateo 5: 10-12)

Dios les continúe bendiciendo. ¡El Señor Jesús viene pronto!

 

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Diciembre 2007
http://www.centrorey.org/

Notas:
1. Discernimiento Bíblico
http://interbiblia.com/db/juizbibl.htm
2. Ibidem.
3. Cristianos en Acción; Vicente Mercado Santamaría, en su artículo, “El silencio de los inocentes”, Julio 2006.
cristianos.en.accion.hoy@hotmail.com, viramers@hotmail.com
Barranquilla, Colombia.

4. Dave Hunt en su libro; “Más allá de la seducción”, página 61

Rafael Hernandez

Contendiendo Ardientemente Por La Fe