¿Dios Vende El Evangelio?
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En cierta ocasion, vi un vaso con esta frase escrita:
'Jesús is Lord'-'Jesus es Señor'
Una familia lo había comprado. ¿Qué fue lo que les convenció a comprar ese vaso? El nombre de Jesús.
En ninguna parte de la Biblia dice que el nombre de Jesucristo fue vendido o comprado.
El nombre que es sobre todo nombre no es para vender mercancía. El nombre del Santo Dios no es una característica opcional que se puede agregar
a un producto para venderlo.
Lamentablemente hoy se usa el nombre de Jesucristo
para vender:
Platos, vasos, cucharas, manteles,
marcos para placas de automóvil, banderas,
letreros, calendarios, floreros, juguetes, libros,
forros, lápices, libretas, peines,
cinturones, camisetas, blusas, equipo atlético,
anillos, prendedores, globos, calcomanías,
relojes, bolsas, tarjetas de crédito,
chequeras, y cientos de otros productos.
¿Esto hacía Jesucristo? ¿Mandó Jesús a los apóstoles
a vender su mensaje? Claro que no.
El mandó, “De gracia recibisteis, dad de gracia.”
(Mateo 10:8)
El contexto de la Biblia entera es el de predicar el mensaje de Dios sin cobrar. Uno de los frutos malos de los falsos profetas es hacer comercio con las cosas sagradas de Dios.
Por ejemplo, Balaam buscaba ganancias económicas
por medio de sus profecías.
Pero tenemos como buen ejemplo al apóstol Pablo:
¿creen que no tenía gastos cuando llevaba las palabras
de Jesucristo a un mundo perdido y hostil?
¿Quién pagó sus pasajes en las naves?
¿Quién pagó sus comidas y alojamiento?
¿Quién pagó sus gastos legales?
¿Quién pagó sus gastos médicos?
¿Pues entonces, hubiera sido justo que Pablo
cobrara a sus oyentes para cubrir esos gastos?
De ninguna manera. Sin embargo Pablo dijo,
“Yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús.” (Galatas 6:17)
No solamente pagaba sus propios gastos, sino que soportaba la persecución y las cadenas.
¿Cree usted que Jeremías cobraba por hablar
la Palabra de Dios a los príncipes rebeldes
de Israel? Antes bien, pagó con lagrimas ese privilegio.
Cristo nos mandó a dar su palabra al mundo,
y si nosotros escogemos usar la tecnología moderna
de la radio y la television en lugar de predicar con
la boca solamente, tenemos que también escoger
pagar los gastos de esa tecnología, y no cobrárselos
a los oyentes.
Fuera con la idea de cobrar dinero por nuestros gastos
en compartir el evangelio.
No hemos aprendido a negarnos a nosotros mismos
y llevar la cruz. ¿Que significa ser un discípulo?
“Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia
a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.”
(Lucas 14:33)
Ser discípulo es un proceso de “renunciar”, no de “rembolsar”.
Pablo y los otros discípulos nunca trataron
de rembolsarse dinero por medio de la venta del
mensaje del evangelio.
El símbolo de la cruz es la antítesis del símbolo de la moneda.
El versículo “Id y predicad el evangelio”
se ha cambiado en “Id y vended el evangelio”.
Pero las Escrituras no son propiedad privada nuestra,
y vender lo que no nos pertenece es deshonestidad.
El vender es la manera de distribuir información terrenal.
El dar es la manera de distribuir la revelación de Dios.
Es un principio bíblico, y no lo estoy inventando.
No. Los vasos santos son quitados de uso común y reservados para el uso del Señor.
“Santo” significa dedicado a Dios o apartado para Dios.
Lo que ha sido apartado ya no puede ser un objeto de comercio. El nombre del Señor es santo,
sus títulos son santos, y su Palabra es santa.
Todos los que creen en la completa inspiración divina
de las Escrituras deben estar de acuerdo que es un documento “santo”.
No se puede añadir nada ni quitar nada de la Santa
Escritura, y tampoco se puede añadir un precio.
Los cristianos deben tener cuidado de no imitar las
costumbres de los idólatras. Ya que el negocio de la idolatría es la venta de objetos “santos”.
El apóstol Pedro dijo que no se pueden comprar ni
vender, “Tu dinero perezca contigo, porque has
pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.”
(Hechos 8:20)
Pedro está refiriéndose a los dones relacionados
a la predicación del evangelio, a
la salvación que Dios ofrece, y, en particular,
el don del Espíritu Santo y los ministerios que
resultan del Espíritu Santo.
Estas cosas no se obtiene a cambio de dinero,
y el pensar que se les puede comprar o vender
es un error muy serio que se llama “maldad”.
Pedro continua diciendo, “No tienes tú ni parte ni
suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad,
y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado
el pensamiento de tu corazón.”
(Hechos 8:21-22)
¿Qué diría Pedro acerca de la venta de los ministerios
que los hombres reciben por la obra del Espíritu Santo,
hoy en dia?
Las Escrituras son dones de Dios.
El evangelio es un don.
El sacrificio de Cristo es un don.
La salvación es un don.
Los varios ministerios y habilidades que Dios
da a sus siervos son dones.
Ninguno de estos debe ser vendido.
Martín Lutero protestaba en contra de la iglesia
romana de su tiempo porque se vendían
“indulgencias”, o sea, el perdón de pecados. Lutero entendio que no se puede vender el perdón, puesto que es un don que ya fue pagado por Jesucristo en la cruz.
Por ejemplo, si alguien recibe el don espiritual
de la enseñanza,
¿podra entonces vender sus enseñanzas?
¿Debe cobrar al público por oírlas?
¿Qué diferencia hay entre la venta del perdón
de pecados por la iglesia catolica, en el tiempo
de Lutero, a la venta del evangelio que hacen muchos seudo-ministros en la actualidad?
Alguien podra decirme:
Pablo dijo que, El Señor ordenó “a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.”
(1 Corintios 9:14)
Entonces ¿Quizo decir el Señor que deben vivir del
dinero que ganan por vender el evangelio? No,
por que en Mateo 10:8 El mismo ordeno: De gracia recibisteis, dad de gracia.
Ellos tenían que dar el evangelio gratuitamente, y vivir
de lo que la gente les daba en ofrendas voluntarias.
Esto es lo que practicaba el mismo Señor Jesús.
Obviamente este método funciona porque nunca
oímos una palabra negativa de Jesús y los apóstoles, quejándose de “escasez de fondos”, como oímos
a menudo de los ministerios de hoy.
Si predicamos el evangelio por dinero,
damos al mundo la impresión de que el Señor Jesús
no es mayor que los otros maestros religiosos,
y que sus seguidores no son diferentes que los
de las otras religiones que sacan ganancias
de la venta de accesorios religiosos.
Ese no es el testimonio que el Padre Celestial
quiere que se dé acerca de su Hijo Jesucristo.
PREGUNTO:
¿por qué no vendió Moisés su mensaje a los ancianos de Israel? ¿Por qué no cobro Elías al pueblo
para ver el enfrentamiento en el Monte Carmelo, contra los profetas de baal? ¿Por qué no vendío Juan el Bautista su bautismo?
¿Por qué cuando Felipe le predicó al eunuco rico, tesorero
de la reina de Etiopía, no le pidio ofrenda?
El vender el mensaje o pedir dinero en nombre del evangelio constituye el “amor al dinero”, lo que la Biblia llama raíz de todos los males. Esto ilustra la condición trágica en la que se encuentran muchos evangelistas en nuestros tiempos, imaginándose tener la unción, cuando en realidad son “miserables, pobres, ciegos y desnudos” (Apocalipsis 3:17)
Dejenme decirles tambien:
Si algunos cristianos han recibido el don para ministrar
al Señor y a la iglesia en música, ¿Deben cobrar por ministrar? Lo que se vende ya no es alabanza
y ya no es adoración. Ya no es música santa, ha sido contaminada, y necesita ser removida del templo de Dios.
“Y dijo a los que vendían palomas:
Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa
de mi Padre casa de mercado.”
(Juan 2:16)
La “casa de mi Padre” no se refiere solamente
al edificio de piedra del templo, si no a todas las actividades que se llevan a cabo adentro.
Los sacerdotes y levitas habían sido instruidos
por Moisés a comer los sacrificios santos y las ofrendas
del pueblo de Israel, no a cambiar esos sacrificios
por oro, plata, joyas o dinero.
Cada sacrificio a Dios debe costar algo al ministro
que lo ofrece, y no producir una ganancia económica
a su favor.
Pero muchos hombres hoy en dia se hacen pastores
y otros se dedican a cantar para no trabajar con sus
manos y vivir de las ofrendas y diezmos de sus
seguidores.
El Rey David dijo, “...porque no ofreceré
a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada.”
(2 Samuel 24:24)
Por eso, David compró la era y los bueyes que
habían sido usados para la agricultura y los dedicó a Jehová.
Y ya que lo había dedicado a Jehová, no los volvió
a vender.
La “enseñanza” o el don que se vende y que produce
ganancias económicas para el ministro,
ha perdido su recompensa delante de Dios;
igualmente el músico que pone precio a la alabanza.
Respecto a esto un pastor me decia: Nosotros mismos somos los culpables, por que les hemos hecho creer a los evangelistas y cantantes, que son estrellas, y que entre mas populares son, se merecen:
Volar en primera clase.
Limosina y chofer privado.
Hotel de cinco estrellas.
Suite presidencial.
Manjares delicados.
Y por supuesto, una jugosa y apetitosa ofrenda de amor.
Claro, todo esto, muy, pero muy aparte, de los $5.00 o mas, estipulados de ante mano en el contrato.
Ahh y se me olvidaba, sin contar lo recaudado por el material de musica o mensajes grabados o escritos en libros, ademas de otras curiosidades
Claro esto les conviene a muchos pastores, por que, asi atren mas gente a sus espectaculos y por consiguiente
mas plata, de la que se llevara el evangelisto y la estrella de musica.
Y hablando de estrellas, ¿se acuerdan de Yuri?
Bueno, se le ocurrio un dia decir, que era cristiana, e inmediatamente muchos ministerios "cristianos" la contrataron, se embolso unos cuantos miles de dolares
y se regreso a lo suyo, y por supuesto sigue diciendo que es cristiana y muchos pastores la siguen invitando a sus iglesias.
El Seño Jesús dijo:
“De cierto os digo que ya tienen su recompensa.”
(Mateo 6:5,16)
Cualquier ganancia material que se saca de la
venta del ministerio del Espíritu Santo es la única recompensa que habrá; no va a haber recompensa
en el Cielo.
Al seguir las costumbres de la iglesia de Roma, hemos permitido que el evangelio sea diseñado, empaquetado, anunciado como producto a la venta, vendido
y prostituido.
Por consiguiente, hemos cosechado una iglesia muy tibia y materialista.
Y los que ganan más dinero con esto, son los que seguramente estan menos dispuestos a cambiar.
Tenemos que desarraigar de raíz la venta de los
dones de Dios en la iglesia.
El Señor es misericordioso y nos dará tiempo si
estamos dispuestos a hacer los cambios necesarios.
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre
es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro,
y se convirtieren de sus malos caminos; entonces
yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados,
y sanaré su tierra.” (2 Crónicas 7:14)
Todo lo que se hace en la iglesia debe ser para la edificación de los demás, no para suplir nuestras
propias necesidades económicas.
Pero ¿qué estamos viendo en las iglesias, hoy?
Para asegurarse de que su ministerio sea ampliamente recompensado, algunos ministros de la palabra
y de música hacen un contrato verbal o escrito
con una iglesia antes de ir a ministrar.
Pero si fuera quitado el incentivo económico,
el pueblo de Dios pronto vería cuáles maestros
y cuáles músicos realmente han sido llamados
por Dios a ministrar.
Esto sería el doble de campanas anunciando
la muerte de mucha música supuestamente
“cristiana” y mucha enseñanza también.
Al desaparecer la ganancia económica, también desaparecerían los falsos ministros.
“Así que el asalariado huye, porque es asalariado,
y no le importan las ovejas.” (Juan 10:13)
Los hombres y mujeres que ministran en el nombre
de Jesús no van a los lugares donde se les ofrece
más dinero. Ellos van adonde el Espíritu Santo los guíe. Ellos van para ministrar, no a ganarse un salario.
El Señor mismo suplirá sus necesidades a través
de sus propias manos, como a Pablo, quien hacía tiendas,
o por medio de la generosidad de otras personas
que quieren “cooperar con la verdad”.
Como se explica:
3 Juan 7-8 “Porque ellos salieron por amor del
nombre de El, sin aceptar nada de los gentiles.
Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas,
para que cooperemos con la verdad.”
Este sistema bíblico de personas que “cooperan
con la verdad” funciona si no se está haciendo
un corto circuito, a causa de la
venta de los dones de Dios.
buscar ganancias a través del ministerio de los
dones de Dios.
Eliseo sabia que no debía de aceptar el “regalo”
de Naamán, y lo rehusó.
Pero Giezi corrió tras Naamán para
poder ganar algo del ministerio de Eliseo.
El profeta reprendió duramente a su siervo con estas palabras: “¿Es tiempo de tomar plata,
y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas,
bueyes, siervos y siervas?”
(2 Reyes 5:26)
¿Cuántos “Giezis” ahora mismo están tratando de sacar
ganancias de los dones de Dios?
Tengamos cuidado del juicio de Dios que recibió
Giezi y toda su descendencia para siempre:
La lepra de Naamán.
Si hacemos lo que Giezi hizo, entonces somos la “descendencia de Giezi”, y vamos a recibir el juicio
de Dios. Acaso ¿Es liviano este pecado?
Otro mal ejemplo:
Los hijos del sacerdote Elí trataron de recompensarse
cuando demandaban de la gente la carne cruda, de los animales que eran sacrificados al Señor
algo que no les correspondía.
(1 Samuel 2:12-17)
Este pecado se llamaba “menospreciar las ofrendas
de Jehová” y fue considerado un pecado “muy grande”.
Así es el pecado de los siervos de Dios que no se
contentan con las ofrendas voluntarias del
pueblo de Dios, y tratan de “tomar” más de lo que
el Señor les ha ordenado en las Escrituras.
Puesto que los hijos de Elí no se arrepintieron,
Dios los entregó en manos de los filisteos para
juicio y levantó a un sacerdote fiel llamado Samuel.
sido Jesús si hubiera cobrado por los servicios
que hacía? Las sanidades de Jesús eran un ministerio
del Espíritu Santo. Jesús era un ministro
de la sanidad quien daba sus servicios gratuitamente
y vivía por fe en el Padre que provee abundantemente
para los que buscan primero el hacer justicia.
Mateo 6:33 dice: Mas buscad primeramente
el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas.
¿Podía Pedro haber cobrado a la gente por el pan
y los peces que Jesús multiplicó? Creo que no.
Si en realidad el ministerio o la enseñanza
o la alabanza de alguien es un DON sobrenatural que recibió por la fe en Jesucristo, debe darlo
gratuitamente.
La comunicación de los beneficios bíblicos
como la salvacion, el perdón, y la sanidad,
deben ser gratis.
Por ejemplo, si el presidente de la república mandara
a un representante a llevar un regalo a la reina
de Inglaterra, ¿Debe cobrar ese representante a la reina
por el presente? Claro que no.
Pueblo de Dios, si el Rey Jesús nos ha mandado con
dones para nuestros semejantes,
¿cómo vamos a justificar el hecho de que estamos cobrándoles?
La recompensa que se recibirá por dedicarse
al ministerio del Señor vendrá conforme a la ley
expresada en Lucas 6:38 “Dad, y se os dará;
medida buena, apretada, remecida y rebosando
darán en vuestro regazo; porque con la misma
medida con que medís, os volverán a medir.”
La palabra clave es DAR.
La cantidad que los siervos de Dios DAN
determinará la recompensa que recibirán de Dios.
Dios sabe lo que sus siervos necesitan, sabe cuánto
vale su ministerio, y les suplira sin falta.
Eliseo no necesitaba la plata de Naamán,
Abraham no necesitaba la riqueza del Rey de
Sodoma, Pedro no necesitaba el dinero de Simon
el mago, y Jesús no necesitaba la riqueza que
le ofreció Satanás.
Pablo no vendía copias de su testimonio.
No cobraba por predicar o por orar o por hacer
visitas personales.
No cobraba por bautizar o por oficiar en la
Santa Cena.
Aun su ministerio musical en la cárcel de
Filipos fue gratis. Pablo era un seguidor de aquel
que vino a “DAR su vida”. (Mateo 20:28)
El Reino de Dios es un reino de dádivas,
no un negocio exitoso.
No es malo tener un negocio honesto,
Pedro ganó dinero con pescar peces, pero no con
pescar a los hombres.
Jesús indicó que hay una diferencia entre la mercancía
del mundo y el servicio espiritual cuando dijo,
“Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios
lo que es de Dios.” (Mateo 22:21)
Lo que estamos diciendo es que existe un muro de separación entre la Iglesia y la Tienda.
Los cristianos pueden vender las mismas cosas
que vende la gente no convertida. Jesús era
carpintero y probablemente vendía muebles
de madera, puertas, arados y cosas parecidas.
Pablo hacía tiendas y las vendía.
Pero el mensaje de Jesús viene de arriba.
No es de este mundo, y no debe ser vendido
como si fuera mercancía del mundo.